La necesidad de cables y el número de grados que puede rotar la lente son algunas de las claves antes de convertir nuestra casa en un Gran Hermano.


 Una cámara para espantar a los ladrones o, si no los espanta, por lo menos que ayude a reconocerlos. Podemos contratar los servicios de una empresa de seguridad para vigilar nuestra casa o edificio o podemos investigar por nuestra cuenta de dónde sacar una cámara que nos haga bien el apaño. A veces es tan fácil como usar una webcam. Tan solo hay que seguir algunos de los consejos a la hora de elegirla.

En el caso de que te decantes por una cámara de seguridad de las de toda la vida, has de saber que existen varios tipos. Están las infrarrojas, las de domo o las Pan Tilt Zoom o PTZ. Entre las más usadas se encuentran las primeras: dan una imagen de buena calidad aunque no haya luz exterior y suelen aguantar bajas y altas temperaturas sin problemas. Tal vez por su capacidad para adaptarse a todo tipo de condiciones lumínicas están entre las preferidas en exteriores.

Las cámaras de domo, que también pueden incluir infrarrojos, tienen una particularidad muy atractiva: al tener una forma de esfera oscura, que cobija la cámara, no se sabe a dónde apunta la lente. Si optas por ellas podrás tener imágenes a alta resolución y también a color. El modelo 1200VTL de Anran, impermeable y con visión nocturna.

¿A dónde mira la lente? Esa es una de las ventajas de las cámaras de domo. (Imagen: Amazon)
¿A dónde mira la lente? Esa es una de las ventajas de las cámaras de domo. (Imagen: Amazon)

En cuanto a calidad, las Pro Box tampoco se quedan atrás. Su nitidez es tan grande que quizá por eso se usan en edificios que necesitan de vigilancia constante, como supermercados o bancos. Estas cámaras, además, tienen varias lentes que se pueden cambiar según las necesidades. Su versatilidad es buena para el día o la noche, con más o menos luz.

Por último, las PTZ se pueden controlar de forma remota, para girar a uno u otro lado e incluso para hacer ‘zoom’. Es más, estos movimientos se pueden programar para que se produzcan en determinadas horas o circunstancias. Eso sí, su precio es algo mayor que en los casos anteriores, así que hay que valorar si de veras las necesitamos: un modelo HD de 720p de KKmoon, con autofoco, visión nocturna, detección del movimiento y conexión wifi, se acerca a los 100 euros. Puede rotar hasta 355 grados en horizontal y 90 grados en vertical.

Las cámaras PTZ son muy parecidas a las domo. (Imagen: Amazon)
Las cámaras PTZ son muy parecidas a las domo. (Imagen: Amazon)

Resolución y cables

Elijas la cámara que elijas, la resolución de la lente es esencial. De 480 líneas ya se considera alta resolución, con una calidad más que aceptable a un buen precio. Si queremos más resolución, las podemos encontrar por encima de las 500 líneas.

Otro aspecto a tener en cuenta es si nos molesta que tenga cables o no. Hay modelos que funcionan con wifi; de hecho, muchos suelen optar por una de estas cámaras, porque son más fáciles de instalar y poner en funcionamiento. Además, se pueden controlar desde una ‘app’ o web con una interfaz muy sencilla, apta para legos.

Este modelo de Canary garantiza discreción mientras graba sonido y vídeo con alta calidad (Imagen: Amazon)

También existen paquetes de varias cámaras con cables y un grabador de vídeo digital. Esto es más engorroso, ya que primero hay que colocar las cámaras donde se necesiten y después llevar los cables hasta el grabador para que almacene las imágenes. En una cámara inalámbrica, lo filmado puede ir a un disco duro, una tarjeta SD o la nube.

Eso sí, este tipo de cámaras no tienen los problemas que aquellas que dependen del wifi: siempre están conectadas a una fuente de alimentación (¿qué pasaría si la conexión fallara?) y es menos probable que la imagen se congele o se pierda durante unos segundos. Por no hablar de que no sabemos a dónde van esas imágenes: ¿y si piratean el sistema y obtienen un retrato fiel de nuestras salidas y entradas o los malhechores consiguen entrar en casa sin que quede registro de sus pasos?

Las cámaras con cables ofrecen una calidad constante y, además, no tienen otro inconveniente de los modelos ‘freemium’ y prémium: antes de comprar una inalámbrica debes tener en cuenta qué servicios son gratuitos y cuáles de pago. Las conectadas a un grabador no tienen ese problema, y solo habrá que estar pendientes de su capacidad total de almacenamiento, que puede llegar fácilmente a una o dos semanas.

Compres el modelo que compres, cerciórate de que se pueda colocar en el techo, en la pared o en ambos sitios (para no llevarte sustos)

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